Los terminales de autoservicio comienzan a ganar presencia en los establecimientos de la zona euro, aunque su implantación todavía está lejos de ser mayoritaria. El 13 % de las empresas que operan con puntos de venta físicos asegura haber introducido ya terminales de autopago, según una encuesta del Banco Central Europeo (BCE) sobre el uso del efectivo por parte de las empresas.
La expansión del autoservicio no implica, sin embargo, la desaparición del efectivo. Entre las compañías que ya utilizan estos terminales, el 52 % mantiene al menos algunos dispositivos capaces de aceptar pagos en efectivo. El dato refleja cómo los establecimientos están incorporando nuevas fórmulas de cobro sin renunciar necesariamente a los medios de pago tradicionales.
La transformación también alcanza a la gestión del efectivo dentro del propio establecimiento. El 38 % de las empresas utiliza cajas registradoras en el punto de pago para gestionar el efectivo, mientras que un 37 % dispone de cajas fuertes inteligentes. La tecnología, por tanto, no solo está modificando la relación con el cliente durante el proceso de pago, sino también los sistemas empleados para gestionar y controlar el dinero en efectivo.
La evolución de los terminales de autopago refleja uno de los principales retos a los que se enfrenta actualmente el comercio: avanzar hacia modelos de mayor automatización manteniendo al mismo tiempo diferentes alternativas de pago.
El efectivo continúa teniendo un peso considerable. El 92 % de las empresas con establecimientos físicos sigue aceptándolo y nueve de cada diez compañías que actualmente lo utilizan prevén seguir haciéndolo durante los próximos cinco años. Al mismo tiempo, los pagos móviles han experimentado un fuerte crecimiento y ya son aceptados por el 68 % de las empresas, frente al 36 % en 2024.
La combinación de estos datos dibuja un punto de venta cada vez más diversificado, en el que los terminales deben ser capaces de adaptarse a diferentes formas de cobro. El crecimiento del autoservicio, junto con el avance de los pagos digitales y la resistencia del efectivo, está llevando a los comercios a combinar automatización y flexibilidad en sus sistemas de pago.
















































